Ganó la otra América

Diana Negre es una periodista que nació en Bucarest, Rumanía. Habla muchos idomas, como si fueran… sus lenguas maternas: catalán, español, francés…rumano…(entre otros)…y, por supuesto, inglés, porque, como periodista, se consagró en EEUU, donde vive desde hace muchos años.

Es famosa también en Cuba : su voz ha llegado a ser muy familiar en la isla, a través de los programas emitidos por la emisora de radio JOSÉ MARTÍ.

Acude a Rumanía, a menudo, para dar conferencias sobre temas  de política norteamericana y para impartir clases de periodismo.

¡Es un gran privilegio contar con su colaboración!

Con más votos populares, Clinton perdió.

Ganó Trump con menos votos porque “habla más lenguas sociales y políticas” y supo dirigirse con más acierto a la clase media y a los obreros blancos. Este hombre aprende muy rápido…

Ganó la otra América             Washington,                   Diana Negre

trump-1La América que ganó las elecciones presidenciales del martes no es la que ha ido ganando en los últimos decenios: son las clases medias y obreras con medios económicos limitados y pocos años dedicados al estudio, representadas por un millonario, nacido en el privilegio y la bonanza económica y licenciado por una de las mejores universidades del país. Se han impuesto a la población urbana y las élites intelectuales y políticas.

Los resultados representan un fracaso estrepitoso para Hillary Clinton que lleva más de 40 años preparándose para el cargo que no ha conseguido: desde que se marchó a vivir al atrasado y pequeño estado de Arkansas, para seguir a un novio “que hará algo grande en su vida”, según ella misma decía entonces, toda su actividad ha estado dirigida hacia el poder, compartido, primero, con su marido Bill Clinton, y luego, como senadora y ministra.

Al fracaso se ha sumado la sorpresa, pues el equipo de Clinton estaba tan seguro de su victoria que había encargado fuegos artificiales sobre el río Hudson para celebrar los resultados. El local alquilado para la celebración tenía nada menos que 170.000 m2 y un techo de cristal para celebrar que, por primera vez en la historia del país, una mujer rompía este techo y desde el cual, de forma simbólica, se veía en primer plano la Trump Tower. No bastaba con ganar sino que, según un comentarista, se trataba de “humillar” a Donald Trump.

No es sorprendente que Clinton se equivocara, porque otro tanto les ocurrió a la mayoría de los expertos que hacían sondeos y explicaban lo disparatado e inútil de la campaña de Trump quien, horas antes de empezar la votación, iba casi 5 puntos por detrás de su rival. Además, los cambios demográficos la favorecían: la población urbana crece, la generación joven es la mayor del país y las minorías van ganando terreno, grupos todos esos de tendencias demócratas.

Pero, hay otra población que ocupa las vastas extensiones agrícolas, las zonas industriales venidas a menos, las áreas mineras donde se malvive sin esperanza de recuperación económica, las pequeñas ciudades donde apenas se llega a fin de mes.  Trump se dirigió a ellos desde el primer momento e incluso llegó a decir “me gusta la gente con poca preparación”, es decir, los que él veía acertadamente como sus “clientes” políticos.

Debido al crecimiento de las ciudades, Clinton ganó más votos que Trump, pues los demócratas tradicionalmente ganan en California y Nueva York que suman casi 60 millones de habitantes, pero perdió en número de “votos electorales” que son los que determinan la elección.  Es algo que no ocurre con frecuencia – la última vez en el 2000, cuando Al Gore perdió frente a George W Bush, y solamente 5 veces en los 300 años largos de historia del país; es consecuencia del sistema federal, que ofrece garantías a los estados pequeños de que su voto contará y no quedará arrollado por los grandes estados.

Trump se dirigió a sus seguidores en Nueva York y a todo el país a las 3 de la madrugada del miércoles, después de recibir una llamada de Clinton felicitándole por su victoria. El resultado convirtió al candidato en presidente y donde antes había fanfarronadas y vulgaridades, todo era magnanimidad y elegancia.  Como es habitual, prometió trabajar para todos los norteamericanos, ya sean partidarios o rivales y tuvo palabras de encomio para Clinton: ya no era la “candidata torcida”, ni había que mandarla a presidio, sino agradecerle los enormes servicios prestados al país.

Al día siguiente, siguió el ritual que corresponde no solo a la etiqueta para estas ocasiones, sino al carácter del país, que se precia de mirar hacia delante y no hacia atrás, para construir en vez de atormentarse.  El primer presidente Bush, quien había anunciado que votaría por Clinton, telefoneó personalmente a Trump para desearle éxito, Clinton pidió a sus seguidores que se arremolinen en torno al nuevo presidente y otro tanto dijo Barack Obama, quien invitó a Trump a visitarle hoy jueves en la Casa Blanca: es la hora de unidad, antes que miembros de un partido, dijo, somos todos norteamericanos.

Tan interesante como los resultados presidenciales, son sus efectos en el Congreso. Contrariamente – también – a las expectativas, Trump no ha sido un desastre, sino que ha permitido mantener las mayorías republicanas en ambas Cámaras, a pesar de ligeras pérdidas, tanto en la Cámara de Representantes, como en el Senado.

Estados Unidos tiene un gobierno monocolor republicano, lo que hará más fácil la tarea de Trump para enviar magistrados conservadores al Tribunal Supremo, para lo que necesita el apoyo del Senado.  También para por el Congreso otras promesas anular la reforma del sistema sanitario, reducir el déficit público, estimular la economía, modificar el sistema fiscal.

Para un programa tan ambicioso, es posible que la pequeña mayoría de que goza no sea suficiente porque el Senado tiene mecanismos para bloquear los procedimientos y esto habría de generar decepción para el público que espera poco menos que milagros. Pero, no sería la primera vez: los demócratas sí que han gozado de gobiernos monocolores y no siempre han obtenido lo que esperaban. El último fue Obama, quien tuvo las dos Cámaras en el 2008, sin poder realizar sus promesas electorales.

Paul Ryan, presidente de la Cámara y no pocas veces crítico de Trump, declaró ayer que los desacuerdos han quedado atrás y es hora de colaborar. Y ciertamente lo es: el último gobierno monocolor republicano fue de 1928, al año anterior a la Gran Depresión.

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Diana Negre

Autorizamos la reproducción total o parcial de este artículo a condición de que se mencionen la fuente y el autor: http://www.ghemulariadnei.worldpress.com     y  Diana Negre.

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