La hora de la verdad

Diana Negre es una periodista que nació en Bucarest, Rumanía. Habla muchos idomas, como si fueran… sus lenguas maternas: catalán, español, francés…rumano…(entre otros)…y, por supuesto, inglés, porque, como periodista, se consagró en EEUU, donde vive desde hace muchos años.

Es famosa también en Cuba : su voz ha llegado a ser muy familiar en la isla, a través de los programas emitidos por la emisora de radio JOSÉ MARTÍ.

Acude a Rumanía, a menudo, para dar conferencias sobre temas  de política norteamericana y para impartir clases de periodismo.

¡Es un gran privilegio contar con su colaboración!

La idea de traer a la Casa Blanca a una mujer viene tras la idea – que llegó a ser realidad – de tener un presidente de color.

Pero, la estancia de Obama en la Casa Blanca no ha resuelto los problemas raciales en EEUU.

¿Presidenta o presidente? ¿Ella o él?

Y¿qué es lo que ello trae de nuevo?

¡Ya veremos!

Diana Negre, en el artículo que sigue, nos conduce por los recovecos del sistema electoral norteamericano :

-el ciudadano de a pie introduce la papeleta en la urna; su voto se llama SUFRAGIO

-las urnas – por un solo voto por encima del 50% a favor de un candidato- obligan a “los electores” de cada Estado federal a darle la victoria al cien por cien. Es decir, “los electores” se tiñen – TODOS – de un mismo color, de sólo uno de los dos posibles : republicano o demócrata. Hay Estados con pocos, pero, los hay también con muchos “electores”

– y son éstos quienes, reunidos a nivel federal en EL COLEGIO ELECTORAL, eligen, o más bien DESIGNAN, por el color que predomina, al presidente del país. Sus votos se denominan VOTOS ELECTORALES.

La hora de la verdad

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Faltan solo 8 semanas para las elecciones norteamericanas y la lucha ha entrado ya en su fase máxima, tanto entre los candidatos presidenciales, como para los legisladores que son un elemento clave para la gestión del futuro presidente.

La campaña electoral norteamericana, que se va haciendo más y más larga, pues los candidatos van tomando posiciones ya con más de un año de antelación, entró en su etapa aguda, este pasado lunes, cuando Estados Unidos se despide del verano, al celebrar el Día del Trabajo, el primer lunes de septiembre.

Y este mismo día, ambos aspirantes a la Casa Blanca recibieron una sorpresa con las encuestas de intención de voto.  Hillary Clinton, que gozaba de una cómoda mayoría desde que el Partido Demócrata celebró su convención el pasado mes de agosto, ha visto como su ventaja se reducía al margen estadístico de error e incluso se desvanecía en uno de los sondeos. Su rival republicano, Donald Trump, tuvo el acierto de no lanzar las campanas al vuelo, pues ha de saber que esta ventaja en posibles votos totales no se ha de reflejar necesariamente en resultados electorales.

Al contrario, si la tendencia se mantiene, Trump podría convertirse en un caso extremo del candidato que pierde, a pesar de recibir la mayoría de los votos, a causa de la peculiaridad del sistema electoral norteamericano, basado en una constitución que trata de mantener la relativa independencia de los 50 estados federados. Algo semejante ocurrió en las elecciones del año 2000, cuando George Bush llegó a la Casa Blanca, a pesar de haber cosechado menos votos que su rival demócrata, Al Gore, gracias a la ventaja en el sistema de cómputo, conocido como el “colegio electoral”.

Con escasas excepciones, los estados entregan la totalidad de los votos al ganador, de forma que la victoria de un 51, un 60 o cualquier otro porcentaje de su victoria, se convierte en un 100%. Además, lo que cuenta no es el número de sufragios, sino de “votos electorales”, que es el equivalente del número de escaños que cada estado tiene en el Congreso, de forma que, una victoria mínima en un estado como Texas o California, con muchos legisladores, cuenta mucho más que varias derrotas amplias en estados pequeños, pues, al tener menos legisladores, aportan también menos votos electorales.

Aún así, aún a pesar de la opinión negativa que grandes porcentajes del electorado tienen de Trump, si su popularidad sigue en aumento –o si los problemas legales de su rival Hillary Clinton siguen creciendo – podría romper todos los pronósticos y ganar las elecciones a pesar del elevado número de norteamericanos que tienen una opinión negativa de él.

Los zigzagueos de las encuestas, en este momento todavía no tienen un carácter decisivo, pero, dentro de tan solo dos semanas, tras el primer debate televisivo, ambos candidatos presidenciales, el 26 de septiembre, los sondeos de opinión ya indicarán, con gran probabilidad de acierto, quién será el próximo ocupante de la Casa Blanca.

Estos debates presidenciales son la primera oportunidad que el país tiene de medir a los dos candidatos que acuden a los mismos de forma muy distinta: mientras Clinton se prepara con un estudio intenso de las cuestiones y los matices, parece ser que Trump lo aborda más bien como una competición de estilo.

Es algo que más bien produce sorna entre los expertos y los medios informativos, pero, el magnate neoyorkino, tal vez, no vaya tan errado, pues, hasta ahora, su talento de apelar a los impulsos y sentimientos BASICOS de la población le ha dado muy buen resultado: con mucho menos dinero que sus rivales republicanos y sin el apoyo de las clases políticas, derrotó a 16 aspirantes a la nominación republicana.

Por otra parte, Trump tiene la ventaja de que la mayoría de la población cree que Clinton está más preparada y saldrá mejor de los debates, algo que juega a favor del contrincante con peores expectativas, pues, tiene más probabilidades de causar una impresión mucho más favorable de la prevista.

A partir del primer debate, la carrera quedaría decidida, pero, en esta ocasión, hay un factor que pesa sobre Clinton, que es la amenaza de Wikileaks de divulgar más datos negativos acerca de ella. Si esto ocurre, y ocurre en la segunda mitad de octubre, es posible que el daño sea irreparable, pues, no tendría tiempo de contrarrestar su efecto negativo en la opinión pública.

De ser así, Donald Trump se convertiría en el primer presidente-empresario del país, lo que traería consigo una nueva serie de acusaciones de conflictos de interés. Pero, no sería el primero en beneficiare económicamente: para los Clinton y los Obama, el paso por la Casa Blanca significó convertir sus modestos patrimonios en respetables fortunas.

Diana Negre

Autorizamos la reproducción total o parcial de este artículo a condición de que se mencionen la fuente y el autor: http://www.ghemulariadnei.worldpress.com     y  Diana Negre.

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